La Tiroides

Las células que componen el cuerpo humano varían ampliamente en cuanto a sus tasas metabólicas y de desarrollo. Las hormonas tiroideas proporcionan al cerebro un método global para regular estos procesos fuera de las condiciones de estrés agudo. La glándula tiroides está ubicada en el cuello, justo debajo de la laringe, y es regulada por el hipotálamo y la glándula pituitaria.

mujer pálpandose tiroidesGlándula Tiroides

La tiroides es una glándula maestra que produce hormonas que regulan los procesos metabólicos de muchos de los tejidos del cuerpo, incluyendo el corazón, el hígado, los riñones y los músculos. La hormona estimulante de la tiroides (TSH) regula la glándula tiroides, que es un conjunto de numerosas esferas huecas de 200-300μm de diámetro (folículos) llenas de una matriz fluida rica en proteínas, conocida como coloide. Los folículos son el sitio de síntesis y secreción de las hormonas tiroideas.

Hormonas Tiroideas

Las hormonas activas del eje hipotálamo-pituitario-tiroides (HPT) son: triyodotironina (T3), tiroxina (T4) y triyodotironina inversa. Los intermediarios tiroideos consisten en monoyodotirosina (MIT) y diyodotirosina (DIT).

La T4, que se forma a partir de dos DIT, es la variación más dominante en la sangre. La T3 es la más biológicamente activa en los tejidos periféricos, y se forma a partir de una DIT y una MIT. La mayor parte de la T3 y T4 en la sangre están unidas a la globulina transportadora de hormonas tiroideas, lo que las inactiva, pero parte de la T3 y T4 circulan en su forma libre activa.

Una vez que la T3 y la T4 entran en una célula, la mayor parte de la T4 se convierte en T3, y la T3 tiene una mayor afinidad de unión por los receptores tiroideos. Las hormonas tiroideas actúan a través de receptores nucleares para modular la transcripción y traducción, procesos que dan lugar a proteínas. Dependiendo de qué proteínas se sintetizan, las hormonas tiroideas aumentan la tasa metabólica, la producción de calor y la descomposición y utilización de glucógeno y grasas. Las hormonas tiroideas también son imprescindibles para el crecimiento y desarrollo normal.

El Eje Hipotálamo-Pituitario-Tiroides (HPT)

La secreción de hormonas tiroideas es regulada por un eje endocrino en varios niveles que involucra al hipotálamo y la glándula pituitaria (la hipófisis). La hormona estimulante de la tiroides (TSH) es liberada desde la pituitaria anterior, aumentando la producción y secreción de T3 y T4 por parte de la glándula tiroides. La hormona liberadora de tirotropina (TRH), producida por el hipotálamo, estimula la producción y liberación de TSH por la glándula pituitaria. La TSH promueve la secreción hormonal, de la cual es T4 del 85% al 90%, siendo del 10% al 15% restante la hormona tiroidea activa T3.

La T4 es autorreguladora, ya que reduce la producción hipotalámica de TRH y, de manera importante, la producción pituitaria de TSH (Juby, A. G., Hanly, M. G., & Lukaczer, D. 2016).

Síntesis de Hormonas Tiroideas

Los pasos de la síntesis de hormonas tiroideas son: captación, secreción de coloide, oxidación, yodación, conjugación, endocitosis, proteólisis y secreción glandular.

Condiciones Tiroideas

Las dos presentaciones clínicas más comunes de mala salud tiroidea son el hipotiroidismo y el hipertiroidismo.

Hipotiroidismo: ocurre cuando la glándula tiroides produce muy poca hormona tiroidea, cuando hay una conversión reducida de T4 a T3, cuando hay una sobreproducción de T3 inversa (rT3), o cuando el cuerpo no utiliza eficientemente las hormonas tiroideas. Las alteraciones en cualquiera de estos procesos pueden aumentar la producción de TSH, lo que lleva a la producción de tejido tiroideo adicional y la formación de bocio en un intento por producir suficientes hormonas tiroideas.

Los signos y síntomas son:

  • Fatiga
  • Estreñimiento
  • Depresión
  • Cabello seco y piel seca
  • Pérdida de cabello
  • Sensibilidad al frío/intolerancia al frío
  • Agrandamiento de la glándula tiroides
  • Ronquera
  • Bradicardia (frecuencia cardíaca baja)
  • Hipertensión (diastólica)
  • Aumento inexplicable de peso/dificultad para perder peso
  • Calambres musculares y debilidad
  • Ojos hinchados
  • Deterioro cognitivo
  • Colesterol LDL elevado

Tiroiditis de Hashimoto: es una forma de hipotiroidismo autoinmune que ocurre cuando los anticuerpos atacan el tejido de la glándula tiroides, lo que causa una reducción en la producción de hormonas tiroideas.

Factores a Considerar en el Manejo del Hipotiroidismo

  • Deficiencias nutricionales: El yodo, el selenio y las vitaminas A y E son necesarias para un funcionamiento óptimo de la tiroides (Braun & Cohen, 2014; Hechtman, 2018).
  • Inflamación: El hipotiroidismo está asociado con un aumento en los marcadores inflamatorios. También se ha encontrado que los niveles elevados de factor de necrosis tumoral alfa (TNF-α) disminuyen el T3 sérico y aumentan la rT3 (Gupta et al., 2015). La interleucina-6 elevada inhibe dos formas de desyodasa necesarias para la producción de T4 (Juby et al., 2016; Baumgartner et al., 2014; Gupta et al., 2015). Además, el hipotiroidismo subclínico está asociado con un aumento en la tasa de sedimentación eritrocitaria (ESR) y los niveles de proteína C reactiva (PCR) (Gupta et al., 2015).
  • Estrés oxidativo: inhibe la función tiroidea y la conversión periférica de las hormonas tiroideas. El estrés oxidativo dentro de la propia glándula tiroides inhibe la captación de yoduro. Esto provoca daños en el ADN y apoptosis de las células tiroideas (McGregor, 2018).
  • Estrés: Suprime la TSH y disminuye la conversión periférica de T4 a T3 (Tsatsoulis, 2006).
  • Disfunción gastrointestinal: la disbiosis intestinal está asociada con la pérdida de la tolerancia inmune y la generación de autoantígenos (Lerner et al., 2017). Además, el hipotiroidismo es un factor de riesgo para el desarrollo de sobrecrecimiento bacteriano en el intestino delgado (SIBO). La disfunción motora intestinal puede dificultar la capacidad del intestino delgado para eliminar las bacterias luminales (Lauritano et al., 2007).
  • Exceso de estrógenos: el estradiol disminuye la expresión del gen del cotransportador sodio-yoduro, necesario para la captación de yodo. Esto compromete la capacidad de sintetizar niveles adecuados de hormonas tiroideas. Además, el estrógeno aumenta los niveles de tiroglobulina, reduciendo la disponibilidad de interactuar con los receptores (Santin & Furlanetto, 2011).
  • Tóxicos ambientales: las dioxinas, organoclorados, bifenilos policlorados, ácidos perfluoroalquílicos, metales pesados, bifenilos polibromados y los insecticidas/herbicidas/fungicidas pueden actuar mediante dos mecanismos: alterando directamente la función tiroidea (modificando la TSH, T4 y T3) y/o alterando el sistema inmunológico (Benvenga et al., 2015). Esto puede desencadenar enfermedades autoinmunes tiroideas (Benvenga et al., 2015).
  • Restricción calórica agresiva (>20%): Reduce los niveles totales y libres de T3, y disminuye la conversión periférica de T4 a T3 (Roth et al., 2002).

 Consideraciones Dietéticas

  • Considerar si los bociógenos (como las brassicas, la soja, los cacahuetes, el mijo y algunos flavonoides) son apropiados para la persona. Los bociógenos (sustancias que interfieren en la manera en que el organismo utiliza el yodo), pueden dificultar la unión del yodo a la tiroglobulina y prevenir la oxidación del yoduro por la peroxidasa del yoduro tiroideo. Evitar el consumo en grandes cantidades.
  • Los alimentos que contienen cianoglucósidos bociógenos, como la batata y el maíz, liberan tiocianato que compite con el yoduro, bloqueando su captación por la tiroides (Baumgartner et al., 2014).
  • La adherencia a una dieta sin gluten ha demostrado reducir los anticuerpos antiperoxidasa tiroidea (es un tipo de proteína (denominada una enzima) que las células en la glándula tiroides utilizan para producir la hormona tiroidea (Javed & Sathyapalan, 2016).

 Hipertiroidismo: el hipertiroidismo se caracteriza por la producción y secreción excesiva de hormonas tiroideas por una glándula tiroides hiperactiva (Singh & Hershman, 2016). La tirotoxicosis es un término general que se refiere a las manifestaciones clínicas que surgen debido a los niveles persistentemente elevados de T3 y T4 libres (Vanderpump, 2011). Las personas con mayor probabilidad de recaer en la tirotoxicosis son aquellas con hipertiroidismo severo, bocios grandes o niveles persistentemente altos de anticuerpos contra los receptores de TSH (Singh & Hershman, 2016).

Los signos y síntomas del hipertiroidismo son:

Signos y Síntomas de Hipertiroidismo

  • Ansiedad o nerviosismo
  • Confusión
  • Fatiga y debilidad generalizada
  • Bocio y agrandamiento de la glándula tiroides
  • Deshidratación
  • Pérdida de cabello
  • Intolerancia al calor, piel húmeda y sudoración
  • Hipertensión
  • Insomnio
  • Palpitaciones
  • Pérdida de peso a pesar del aumento del apetito

 Enfermedad de Graves

La enfermedad de Graves, una condición autoinmune (ocurren cuando el sistema de defensas ataca por error el tejido sano), representa entre el 60% y el 80% de los casos de hipertiroidismo. Esta respuesta inmune desregulada estimula la producción de anticuerpos contra los receptores de TSH, lo que a su vez estimula los receptores de TSH y la actividad hormonal (Tsatsoulis, A. 2006).

 Factores a Considerar en el Manejo del Hipertiroidismo

  • Exceso de yodo: el yodo aumenta la producción de hormonas tiroideas (Gropper et al., 2004). Esto puede estimular una actividad tiroidea excesiva en estados de hipertiroidismo (Singh & Hershman, 2016).
  • Estrés crónico: el estrés psicológico provoca un aumento en la secreción de la hormona adrenocorticotropa (ACTH) y cortisol (Shukla et al., 2018). Este estímulo hormonal puede iniciar al sistema inmunológico a producir anticuerpos contra los receptores de TSH (Tsatsoulis A, 2006). Se encuentran niveles elevados de estos anticuerpos en personas con la enfermedad de Graves (Tsatsoulis, 2006; Bednarczuk & Schomburg, 2020; Ehlers et al., 2019).
  • Toxinas ambientales: las dioxinas, organoclorados, bifenilos policlorados, ácidos perfluoroalquílicos, metales pesados, bifenilos polibromados y los insecticidas/herbicidas/fungicidas, así como la exposición a la radiación, pueden alterar el sistema inmunológico, desencadenando enfermedades tiroideas autoinmunes (Benvenga et al., 2015).
  • Disfunción gastrointestinal: la disbiosis intestinal está asociada con la pérdida de la tolerancia inmune, favoreciendo la producción de autoantígenos y lipopolisacáridos (LPS) e induciendo un cambio en la producción de células T de TH1 a TH2. De este modo, la respuesta inmune se activa, comprometiendo la integridad de la barrera intestinal y conduciendo a la actividad autoinmune (Lerner et al., 2017).
  • Infección: infecciones como el virus de Epstein-Barr, están asociadas con el desencadenamiento de la enfermedad de Graves en individuos susceptibles, a través de dos mecanismos propuestos: el mimetismo molecular, que ocurre cuando los antígenos externos se asemejan a los autoantígenos, y la activación colateral, que desencadena células B y T autorreactivas (Shamriz & Shoenfeld, 2018).
  • Tabaco: Los efectos oxidativos del uso del tabaco aumentan el riesgo de disfunción inmunológica en la enfermedad de Graves (Singh & Hershman, 2016).

Consideraciones dietéticas

  • Evitar el consumo de alimentos y suplementos ricos en yodo, como el alga kelp, ya que esto puede contribuir al aumento en la producción de hormonas tiroideas.
  • Considerar una dieta sin gluten. Se ha asociado la enfermedad celíaca concomitante y no diagnosticada con presentaciones de hipertiroidismo, y se ha demostrado que la eliminación del gluten corrige la sobreactividad tiroidea (Vojdani et al., 2020).
  • Asegurar una ingesta adecuada de proteínas, debido al aumento en la tasa metabólica y la eliminación en condiciones de hipertiroidismo. Las personas deberían intentar consumir al menos 1.2g de proteínas por kilogramo de peso corporal al día.
  • Asegurar una hidratación adecuada para compensar la pérdida de líquidos causada por la sudoración inducida por el hipertiroidismo.
  • Investigar posibles desencadenantes dietéticos que puedan causar una respuesta autoinmune inflamatoria (Vojdani et al., 2020).

Nutrientes que apoyan la tiroides

Selenio: el selenio está involucrado en el metabolismo del yodo. Las enzimas yodotironina desyodasas contienen selenocisteína, responsable de la activación de las hormonas tiroideas (Gropper et al., 2004). Existe abundante evidencia que destaca la carencia en la ingesta de selenio en la población general (Stoffaneller & Morse, 2015).

Yodo: el yodo es un cofactor crucial para la producción de hormonas tiroideas. La T4, la prohormona, tiene cuatro moléculas de yodo, y se convierte en T3 activa al eliminar una de esas moléculas de yodo mediante las enzimas desyodasas (Gropper et al., 2004). Aunque la deficiencia de yodo está asociada con países no occidentales, hay evidencia creciente de este problema en el mundo industrializado (Vanderpump, 2011). La evidencia sugiere que los cambios en la dieta han llevado a una carencia de ingesta de yodo (BDA, 2023). El grupo más vulnerable a la deficiencia de yodo son las mujeres en edad fértil. La falta de yodo durante el embarazo plantea preocupaciones para un resultado saludable del embarazo (Zimmermann, 2007; Vanderpump, 2011).

Zinc: el zinc es necesario en los residuos de cisteína de los factores de transcripción tiroideos, y para facilitar la liberación de la proteína transportadora de retinol, que juega un papel central en la conversión de T4 a T3 (McGregor, 2018).

Vitamina A: la vitamina A es necesaria para el metabolismo periférico de las hormonas tiroideas y para la conversión de T4 a T3 a través de la inducción de la 5′-desyodasa en el hígado y la tiroides (Morley et al., 1980). Es fundamental para la expresión de los receptores nucleares de T3.

Además, la falta de ingesta de vitamina A contribuye a la deficiencia de yodo. La vitamina A está involucrada en la captación de yodo por la glándula tiroides. Asimismo, la vitamina A controla la producción de la hormona tiroidea TSH por la glándula pituitaria (Zimmermann, 2007). La vitamina A también ayuda en el metabolismo periférico de las hormonas tiroideas. Se ha demostrado una mejora en la función tiroidea en niños con deficiencia de yodo, cuando la vitamina A se combina en la intervención (Zimmermann, 2007).

Vitamina E: la vitamina E es importante para la conversión de T4 a T3, apoyando la función de la 5′-desyodasa de la yodotironina (Yue et al., 1998).

Hierro: no es raro encontrar deficiencia de hierro en personas con hipotiroidismo. También es un componente de la peroxidasa tiroidea, una enzima necesaria para la producción de hormonas tiroideas (Soliman et al., 2017).

Vitamina D: considerable evidencia vincula la deficiencia de vitamina D con un mayor riesgo de enfermedades autoinmunes tiroideas (Ashok et al., 2022). Las vitaminas D y A desempeñan un papel en el comportamiento de los receptores celulares para regular el metabolismo de las hormonas tiroideas. Se están llevando a cabo investigaciones para determinar el mecanismo de acción (Ashok et al., 2022; Kim, 2017).

Vitamina B12: para mantener una salud tiroidea adecuada, se requieren niveles adecuados de vitamina B12, ya que un nivel bajo de B12 disminuye la conversión de T4 a T3. Hay una alta incidencia de deficiencia de B12 en condiciones de hipotiroidismo, particularmente en personas con Hashimoto (Aktas, 2020).

Además, los bajos niveles de hormonas tiroideas pueden comprometer la capacidad de absorber vitamina B12 de los alimentos o suplementos, y la deficiencia de vitamina B12 es un factor de riesgo para el sobrecrecimiento bacteriano del intestino delgado (SIBO). Se sugiere que el SIBO puede estar presente en el 50% de las personas con Hashimoto (Jabbar et al., 2008).

Tirosina: la tirosina es esencial para la producción de T4 (Braun & Cohen, 2014). Se ha hecho una correlación clínica de niveles bajos con hipotiroidismo, presión arterial baja y temperatura corporal baja (Owasoyo et al., 1992).

Más allá de la tiroides

Salud intestinal: la investigación ha destacado la importancia de la salud intestinal tanto para el hipotiroidismo como para el hipertiroidismo (Lerner et al., 2017). Los médicos e investigadores también coinciden en que hay una fuerte evidencia que indica que la disbiosis intestinal adversa afecta la regulación del sistema inmunológico (Lerner et al., 2017; Hechtman, 2018). Además, se sabe que la falta de ciertas cepas de microbiota puede afectar negativamente la absorción de nutrientes claves necesarios para apoyar la salud tiroidea (Lerner et al., 2017).

Se ha demostrado que Lactobacillus rhamnosus induce la producción de células T reguladoras, proporcionando apoyo inmunorregulador y cambiando el equilibrio de las citoquinas para reducir la inflamación en trastornos autoinmunes (Yue et al., 1998; Lavasani et al., 2010).

Se cree que Saccharomyces boulardii estimula el sistema inmunológico y protege el bienestar digestivo. También puede mejorar la función enzimática intestinal para aumentar la disponibilidad de micronutrientes, mejorar el microbioma intestinal y reducir la disbiosis (Moré & Vandenplas, 2018).

Ejercicio: el nivel, la duración y la intensidad deben ser apropiados para la persona. Los estudios destacan la importancia del estado nutricional para obtener los beneficios óptimos del ejercicio (Wouthuyzen-Bakker & van Assen, 2015). Además, los efectos del ejercicio adecuado pueden apoyar la salud tiroidea, siendo recomendables las actividades de fortalecimiento muscular y entrenamiento de resistencia dos veces por semana (Bansal et al., 2015; Martínez-Salazar et al., 2020).

 Hábitos de sueño: los estudios han relacionado la calidad del sueño y los niveles de estrés con una mala función tiroidea, lo que resalta la importancia de establecer una rutina de sueño que favorezca las necesidades de cada persona (Nazem et al., 2021).

Estrés crónico: el estrés se ha implicado en la afectación de la función de una enzima tiroidea clave: la 5′-desyodasa. Los cambios hormonales, incluidos los cambios en los niveles de cortisol, melatonina y ACTH, modifican esta enzima. La 5′-desyodasa fomenta la producción de rT3, que compite con los sitios de unión de T3 en las células (Tsatsoulis, 2006). Por lo tanto, esto lleva a una reducción de la actividad biológica de T3 dentro del cuerpo.

Investigaciones emergentes

Myo-inositol: existen investigaciones emergentes que sugieren que el myo-inositol es necesario para el funcionamiento normal y saludable de la tiroides. El inositol forma parte de la cascada de señalización, interactuando con el mecanismo molecular involucrado en la producción de hormonas tiroideas (Nordio & Basciani, 2017).

La evidencia clínica ha destacado la eficacia del myo-inositol y el selenio en el tratamiento de la tiroiditis autoinmune, con resultados efectivos observados al usar 600 mg de myo-inositol junto con 83 μg de selenio (Barbaro et al., 2019; Nordio & Basciani, 2017). Además, los niveles de TSH, anticuerpos antiperoxidasa tiroidea (TPOAb), y anticuerpos contra la tiroglobulina (TgAb), disminuyeron significativamente en los pacientes tratados con la combinación de myo-inositol y selenio tras seis meses de tratamiento (Nordio & Basciani, 2017).

Una publicación reciente también sugiere firmemente el uso de yodo junto con myo-inositol para mejorar la función tiroidea (Barbaro et al., 2019). Además, en estudios con animales, se ha demostrado que el myo-inositol tiene un impacto positivo en la microflora. Los sujetos que recibieron una dieta alta en almidón y azúcar, y fueron suplementados con myo-inositol mostraron una reducción en Clostridium spp. y un aumento en Lactobacillus spp. (Okazaki et al., 2018).

N-Acetil Cisteína (NAC): las investigaciones han demostrado que NAC ayuda a reducir los anticuerpos tiroideos, además de apoyar las vías de desintoxicación y la función intestinal (Mancini et al., 2016). También, puede mitigar el estrés oxidativo, la inflamación crónica y otros problemas que a menudo se observan en personas con enfermedades crónicas (Schwalfenberg, 2021).

NAC es un precursor del antioxidante glutatión. El glutatión es el antioxidante más abundante en el cuerpo y, por lo tanto, a veces se le llama el «antioxidante maestro». Desempeña un papel en muchas funciones, incluidas las defensas antioxidantes, el metabolismo de nutrientes, la regulación de eventos celulares (incluida la expresión génica y la proliferación celular), y la respuesta inmunitaria.

El glutatión también actúa como un protector poderoso contra el estrés oxidativo que también protege al cuerpo contra la inflamación crónica. Por el contrario, la inflamación crónica puede agotar los niveles de glutatión (Steele et al., 2013).

Una disminución en los niveles de glutatión se ha relacionado con niveles más altos de anticuerpos tiroideos y puede contribuir a la enfermedad de Hashimoto (Zaletel & Gaberšček, 2011). Un estudio realizado en 2012 encontró que los pacientes con Hashimoto tenían un 62% menos de glutatión sérico en comparación con controles de la misma edad (Zaletel & Gaberšček, 2011; Mancini et al., 2016). En este mismo estudio, se identificó una relación significativa entre los niveles séricos de glutatión, los anticuerpos TPO y la TSH. Cuanto más bajo es el nivel de glutatión, más altos son los anticuerpos y los niveles de TSH, lo que indica hipotiroidismo (Mancini et al., 2016).

Ashwagandha: se ha demostrado que la ashwagandha induce directamente la liberación de hormonas tiroideas a nivel glandular, mejora la conversión de T4 a T3 y modula los niveles de glucocorticoides (Baumgartner et al., 2014). Un ensayo aleatorizado, doble ciego y controlado con placebo, que involucró a 50 participantes con hipotiroidismo subclínico, prescribió 600 mg/día de ashwagandha durante ocho semanas, con resultados que demostraron mejoras estadísticamente significativas en los niveles de TSH, T3 y T4 (Sharma et al., 2018).

Ácido alfa lipoico (ALA): el ALA mejora la quelación de metales pesados y promueve la desintoxicación de estos, lo que puede ser un factor desencadenante de las enfermedades autoinmunes tiroideas (Shay et al., 2009). También fomenta la eliminación de plomo y mercurio, junto con sus robustas capacidades antioxidantes (Salehi et al., 2019).

Resumen

El papel de la tiroides es controlar una amplia gama de factores biológicos dentro del cuerpo. Diversos factores internos y externos pueden comprometer la función de la glándula, y el manejo de las condiciones tiroideas implica un análisis exhaustivo de los factores actuales, que puedan estar impidiendo su funcionamiento. Proporcionar una mayor comprensión de la interconexión de la glándula tiroides con otros factores puede mejorar la motivación para el cambio.

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Autor: Lamberts Española.

Exención de responsabilidad: La información anteriormente descrita es sólo para fines informativos, por tanto no intenta influir, diagnosticar ni reemplazar el consejo, tratamiento médico o del profesional de la salud. Se basa en estudios científicos (humana, animal o in vitro), la experiencia clínica, o el uso tradicional, como se cita en cada artículo. Los resultados reportados no necesariamente pueden ocurrir en todos los individuos. No se recomienda el auto-tratamiento para condiciones que amenazan la vida que requieren tratamiento médico bajo el cuidado de un médico. Para muchas de las enfermedades que se describen el tratamiento con prescripción o medicamentos de venta libre también está disponible. Consulte a su médico y/o farmacéutico para cualquier problema de salud antes de utilizar algún suplemento/complemento alimenticio o de hacer algún cambio en los medicamentos prescritos.

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